El habitante de 600 años que vive en El Retiro y muchos no conocen, y no es el madroño
Este olivo centenario oculta su origen rural bajo el cielo de la capital. Con seis siglos de vida, llegó al parque madrileño para ser el nuevo emblema de longevidad urbana.

Caminar por el pulmón verde de la ciudad de Madrid suele ser un ejercicio que relaja. Pero pocos transeúntes advierten que, junto a la Puerta de Felipe IV, en el Parque de El Retiro, reside un testigo mudo de la historia. No hablamos del madroño del escudo, sino de un ejemplar de olivo procedente de la localidad madrileña de Carabaña que reclama un trono de vejez que hasta hace poco ostentaba otra especie.
La villa de Madrid presume de ser “Ciudad Arbórea del Mundo” gracias a un patrimonio vegetal que supera el medio millón de unidades. Entre esa marea de ramas, destaca este inmigrante que, con su madera curtida, promete dar sombra durante los próximos dos milenios a todo aquel que decida pararse a observar.
El olivo de El Retiro: el árbol con más historia de Madrid
En abril de 2023, este ejemplar de olivo aterrizó en el recinto bajo la propuesta "Un árbol por Europa" para ganar presencia. Con 620 años de antigüedad, su estructura de madera antigua se alza como un monumento vivo que desafía al tiempo. Es un árbol donde la historia de Madrid se toca y se siente a través de sus hojas plateadas.
Su valor reside en proyectar un largo futuro, pues se estima que su ciclo vital podría extenderse otros 2000 años. Imaginar que este mismo tronco seguirá ofreciendo frescor en el siglo cuarenta es un ejercicio de humildad para el paseante. Los expertos vigilan que el suelo mantenga los nutrientes necesarios para convertirse en un ejemplar de tal calibre.
Miles de personas cruzan a diario por delante de este centenario olivo sin saber que están ante el vecino más veterano de la zona. La mayoría busca la foto típica en otros lugares del Parque de El Retiro, ignorando que la verdadera joya del jardín es este árbol. Esta discreción es su encanto, permitiendo que sólo los curiosos descubran su asombrosa cronología vital.
El Tejo de Barondillo frente al olivo de El Retiro
Aunque el olivo de El Retiro impresiona, la corona absoluta de la vejez pertenece a un tejo oculto en la Sierra de Guadarrama. Situado junto al arroyo de Barondillo, este gigante supera los dos milenios de existencia, doblando la edad de cualquier otro árbol de la Comunidad de Madrid. Es el patriarca de la naturaleza local, presente antes de fundarse la propia capital.

Su salud es excelente gracias a la gestión forestal, que supervisa su entorno de forma discreta pero muy efectiva. Las ramas forman una copa de quince metros, creando un ecosistema propio en el Valle del Lozoya para aves. Fue en 1985 cuando recibió protección legal, asegurando que nadie altere el flujo del agua que lo nutre.
Visitarlo requiere voluntad, la de quien busca conectar con el origen salvaje de la provincia y apreciar la majestuosidad serrana. A diferencia del ejemplar de El Retiro, este anciano árbol ha visto pasar imperios enteros desde su mirador natural. Su densa madera es la prueba de una supervivencia que parece no tener un final cercano.
Joyas del patrimonio natural: el árbol con más historia de Madrid
El catálogo de vegetación singular no termina aquí, pues el Parque de El Retiro guarda otras sorpresas de gran calibre para el público. Un buen ejemplo es el Pino Carrasco de la Rosaleda, un coloso que soportó hasta la borrasca Filomena sin apenas inmutarse. Con dos siglos de vida, sigue en pie como un recordatorio de la fuerza vegetal más pura.
No muy lejos, el Palacio de Velázquez protege a un tejo de más de ciento cincuenta años muy bien llevados. Cuenta con una valla que asegura su sistema radicular, evitando que el pisoteo afecte su alimentación o respiración. Es una muestra de cómo la ciudad de Madrid convive de forma armoniosa con elementos que requieren respeto.
Por último, la ría artificial de El Retiro alberga la Palmera de Fortune, una viajera asiática que soporta el frío con una entereza inusual. Aunque su crecimiento es pausado, su longevidad garantiza que las futuras generaciones disfrutarán de su silueta contra el cielo. No se puede negar que Madrid es un museo vivo donde cada hoja narra una crónica fascinante al visitante más atento.