El misterio de la sima de Alzola: el insólito caudal blanco oculto bajo el País Vasco
¿Imaginas un torrente de “nata” fluyendo en las entrañas de la tierra? En Guipúzcoa existe un fenómeno geológico único que desafía toda lógica y atrae las miradas del mundo entero.

La naturaleza es caprichosa y, a veces, decide guardar sus mejores tesoros en la más absoluta oscuridad. No hace falta cruzar el océano para toparse con escenarios que parecen sacados de una película de ciencia ficción. A menudo, bajo nuestros propios pies, se esconden secretos que superan cualquier ficción. Como el que hay en el corazón de Euskadi. Su subsuelo custodia una joya líquida que no tiene comparación en ningún otro rincón del mapa.
Explorar el mundo subterráneo de Guipúzcoa es adentrarse en un laberinto de piedra caliza y una vida silvestre fascinante. Entre sus macizos y galerías se ocultan maravillas que pocos han logrado contemplar con sus propios ojos. Cerca de la localidad de Zestoa, se localiza un hallazgo que ha dejado boquiabierta a la comunidad científica internacional. Se trata de un fenómeno hídrico cuya composición y estado físico lo convierten en un ejemplar solitario en la Tierra.
El hallazgo del río de leche lunar líquida en Zestoa
Todo comenzó hace algo más de dos décadas, cuando dos expertos en cavidades, Jon Laskibar y Natxo del Cura, se internaron en la sima de Alzola. Este lugar, vinculado a la antigua minería del siglo XIX, escondía algo mucho más valioso que el mineral. A una profundidad de 22 metros, los espeleólogos se toparon con una corriente de color níveo que recordaba a la leche. El contraste visual en aquel entorno oscuro era, sencillamente, impactante para cualquier explorador experimentado.
Este fenómeno se conoce técnicamente como "mondmilch", un término acuñado siglos atrás por Konrad Gessner. Aunque esta sustancia suele presentarse como una pasta densa en otras latitudes, lo que ocurre en este rincón vasco es excepcional. Aquí, la materia fluye libremente, recorriendo cientos de metros de forma constante. Según las investigaciones de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, es la primera vez que se documenta algo así en estado fluido y con tal extensión.
El biólogo Carlos Galán fue el encargado de analizar las muestras de este extraño fluido en centros especializados franceses. Sus informes confirmaron que en la sima “lo más notable es la presencia de un río subterráneo blanco, de leche lunar líquida, que constituye el primer reporte mundial de esta naturaleza”. Los análisis revelaron una composición de partículas diminutas de carbonatos. El experto destacó que “la mayor parte del caudal procede de una galería de mina excavada en la cota -42 metros”, creando un entorno visualmente asombroso.
El entorno de Aizarna y el río de leche lunar líquida
Lamentablemente para los curiosos, este santuario geológico no está abierto al público general por motivos de seguridad y conservación. Sólo los especialistas con equipo adecuado pueden descender a sus profundidades. Sin embargo, el valle de Aizarna ofrece un consuelo paisajístico de primer nivel para quienes se acerquen a la zona. Este barrio de Zestoa representa la esencia del campo vasco, con sus laderas verdes y caseríos que parecen detenidos en el tiempo.

Para quienes disfrutan del aire libre, el sendero PR-Gi 40 es una opción excelente para estirar las piernas. Es una caminata circular que parte del pueblo y sube hasta una pintoresca ermita, ofreciendo vistas despejadas de todo el entorno rural. Aunque no podamos tocar el agua blanca de la cueva, caminar por estos prados permite conectar con la energía de una tierra que guarda secretos milenarios bajo su superficie. Es un destino ideal para el turismo de proximidad con un toque de misterio.
Si la curiosidad por las cuevas persiste, la alternativa perfecta es la famosa Cueva de Ekain. Situadas muy cerca, estas cavidades sí permiten visitas y son un tesoro cultural incalculable. Al ser Patrimonio de la Humanidad, muestran el arte de nuestros antepasados con un realismo que sobrecoge. Es la oportunidad de entender cómo era la existencia hace miles de años, mientras imaginamos que, a pocos kilómetros, el cauce blanco sigue fluyendo en silencio.
Tradiciones en el monte Hernio y el valle de Zestoa
La aventura en esta comarca guipuzcoana no termina en el subsuelo, ya que el monte Hernio domina el horizonte con su emblemática silueta. Esta cumbre es famosa por su enorme cruz de principios del siglo XX y por las numerosas piezas de hierro que los devotos fueron añadiendo. Hubo un tiempo en que el lugar se conocía como “el monte de las mil cruces”, debido a la cantidad de recuerdos que la gente depositaba allí. Hoy es un punto de encuentro fundamental para los montañeros de la zona.

Subir al Hernio es cumplir con un ritual que mezcla el esfuerzo físico con la cultura popular vasca. Durante el mes de septiembre, las faldas de la montaña se llenan de vida gracias a las romerías dominicales. El trayecto suele incluir paradas estratégicas en lugares con historia, como la Venta de Iturrioz. Allí, figuras como San Ignacio de Loyola recuperaron fuerzas en sus viajes, dotando al camino de un aura espiritual y literaria difícil de encontrar en otras rutas.
El recorrido culmina en las bordas de Zelatun, donde el sonido de la trikitixa y los bailes tradicionales reciben a los caminantes. Es el broche de oro para una jornada que puede empezar hablando de geología extraña y terminar disfrutando de un almuerzo tradicional frente al mar de nubes. El País Vasco vuelve a demostrar que, ya sea por sus ríos imposibles o por sus cimas cargadas de historia, siempre tiene una sorpresa guardada para el viajero.