El tesoro sumergido de Cáceres que sólo la sequía permite descubrir: el "Stonehenge español"
¿Sabías que bajo el río Tajo descansa un santuario de hace siete milenios? El dolmen de Guadalperal resurge de las profundidades para mostrar el pasado más místico de Extremadura en un espectáculo efímero.

El patrimonio histórico de nuestro país guarda secretos que no siempre están a la vista. En el corazón de Cáceres existe un paraje que desafía la lógica del tiempo y que sólo se muestra a los ojos del visitante cuando el clima lo decide. No se trata de un museo convencional, sino de un rastro ancestral que habita en las profundidades de un pantano.
Su fisonomía recuerda inevitablemente a las grandes estructuras de Gran Bretaña, como el famoso Stonehenge. Sin embargo, este conjunto posee una mística propia, marcada por el ciclo de las lluvias y la gestión de los recursos hídricos. Es una joya de la arqueología que se ha convertido en un fenómeno viral cada vez que el caudal desciende lo suficiente para revelar su silueta.
El misterio del dolmen de Guadalperal bajo el embalse
En el término municipal de El Gordo, en Cáceres, las aguas del embalse de Valdecañas ocultan una necrópolis que data de hace 7.000 años. Este lugar, conocido popularmente como el dolmen de Guadalperal, pasó a mejor vida pública en 1963. En aquel año, la creación de la presa anegó por completo el valle donde descansaban estas piedras milenarias.
¿Os acordáis del 'Dolmen de Guadalperal'? El año pasado, este monumento megalítico emergió del Embalse de Valdecañas. Ahora, el agua lo ha vuelto a cubrir.
— Mario Adell (@mario_adell) August 28, 2020
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Desde que el antropólogo Hugo Obermaier documentara el sitio en la década de los años veinte, el conjunto ha vivido en un estado de letargo acuático. No fue hasta el estío de 2019 cuando el nivel del río bajó de forma drástica, dejando al aire una imagen sobrecogedora. Aquella estampa de piedras desnudas bajo el Sol extremeño cautivó a medio mundo por su parecido con otros monumentos europeos.
La fragilidad de este entorno es extrema, ya que la erosión del líquido elemento y la exposición al aire alternada desgastan el granito. Cada vez que las rocas asoman, se genera un dilema sobre su cuidado. Mientras unos desean aprovechar la ocasión para estudiarlo de cerca, otros advierten del peligro que supone el tránsito constante de personas por una zona tan delicada y desprotegida.
Un "Stonehenge español" con grabados únicos en el mundo
Pasear entre los restos de este enclave permite observar cerca de 140 ortostatos o bloques de piedra que dibujan una cámara ovalada. Se llega a ella tras recorrer un pasillo de veinte metros que, en su día, servía de acceso ritual. El magnetismo del "Stonehenge español" reside en los detalles grabados que aún sobreviven a la humedad.

Uno de los elementos más fascinantes es un gran menhir situado en la entrada del recinto. En su superficie se distingue una silueta que serpentea y que despierta teorías fascinantes entre los expertos locales. Ángel Castaño, vinculado a la Asociación Cultural Raíces de Peraleda, sostiene que este dibujo podría ser un mapa antiguo que plasma un tramo del cauce del Tajo.
De confirmarse esta hipótesis, estaríamos ante una de las representaciones cartográficas más arcaicas de nuestra geografía. Esta carga simbólica eleva el valor del sitio más allá de lo puramente funerario. Se trata de una marca territorial que explica cómo los antiguos pobladores de la meseta entendían su relación con el agua y el entorno natural que los rodeaba.
La importancia de proteger el dolmen de Guadalperal hoy
Mover el monumento a una ubicación seca es una posibilidad que los técnicos han rechazado de forma tajante. El motivo es que trasladar cada pieza rompería la relación histórica con su emplazamiento original, provocando un daño patrimonial irreparable. Por ello, la estrategia actual se basa en intervenciones de urgencia para afianzar los bloques y registrar cada detalle mediante tecnología digital.
Visitar el dolmen de Guadalperal hoy en día es una lotería climática y una responsabilidad ética. Las autoridades y asociaciones civiles piden prudencia a los curiosos para no acelerar el deterioro de las piedras. El "Stonehenge español" sigue siendo un centinela mudo que, entre el fango y la superficie, nos recuerda la grandeza de las civilizaciones que habitaron estas tierras mucho antes de que el hombre moderno alterara el paisaje.