5 pueblos de España marcados por el agua: ríos, cascadas, embalses y mucho más
Los pueblos con ríos, embalses y cascadas forman algunos de los paisajes más singulares de España, con cascos históricos ligados al agua y entornos naturales para recorrer a pie.

España conserva pequeños núcleos urbanos donde el agua forma parte del paisaje cotidiano. En algunos casos, un río atraviesa las calles; en otros, queda junto a murallas, gargantas, montañas o antiguas construcciones. El resultado son pueblos en los que naturaleza y patrimonio aparecen unidos.
Entre los destinos incluidos en esta selección hay un puente romano del siglo II, una localidad situada junto a un embalse, una villa medieval rodeada por el Lozoya y dos pueblos marcados por los cauces del agua que desciende por las rocas. Son cinco lugares repartidos por distintas provincias españolas.
Alcántara y el puente romano sobre el Tajo
Alcántara, en la provincia de Cáceres, tiene como principal referencia su puente romano sobre el Tajo. La construcción fue levantada en el siglo II d. C. y figura entre los puentes romanos mejor conservados de España. Sus grandes arcos y su estructura forman parte del paisaje de esta localidad extremeña, cuya relación con el río también se extiende a los alrededores.

El entorno permite combinar la visita al patrimonio con las actividades al aire libre. Las gargantas del Tajo ocupan un lugar destacado en el paisaje próximo a la villa, donde también se pueden realizar rutas de senderismo y observar las aves.
Lanuza, un pueblo con ríos y agua entre montañas
En la provincia de Huesca, el pueblo de Lanuza se encuentra junto al embalse que lleva su mismo nombre. Las montañas rodean la localidad y las viviendas mantienen una arquitectura tradicional. La presencia del agua, unida al relieve, permite contemplar amplias vistas desde distintos puntos del pueblo.

Durante el verano, el embalse adquiere además protagonismo por la celebración del Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur. El encuentro reúne a artistas y músicos de distintos países y lleva conciertos y actividades culturales hasta esta localidad del Pirineo.
Buitrago del Lozoya, agua junto a una villa medieval
Buitrago del Lozoya, en Madrid, conserva una muralla medieval construida en el siglo XII. El recorrido por su casco antiguo permite encontrar calles empedradas, torres, una iglesia y los restos del antiguo castillo. El conjunto mantiene buena parte de la imagen histórica que caracteriza a esta localidad madrileña.

El río Lozoya discurre junto al pueblo, en un entorno formado también por montañas y bosques. Esa ubicación permite plantear actividades como el senderismo y el ciclismo, además de paseos por los alrededores para disfrutar de un paisaje en el que el agua tiene un papel muy destacado.
Alcalá del Júcar y el cañón formado por el río
Alcalá del Júcar, en Albacete, está asentado sobre las laderas y los acantilados de un cañón excavado por el río Júcar. Su emplazamiento hace que las casas se adapten al relieve, mientras que el casco antiguo conserva unas bellas calles estrechas y empedradas, viviendas blancas y diversos elementos de arquitectura tradicional.

El casco histórico cuenta con la declaración de Conjunto Histórico. Sobre una colina se encuentra el castillo, que domina el conjunto urbano. La combinación entre el cauce del Júcar, las paredes del cañón y las construcciones del pueblo convierte su paisaje en uno de los más particulares de Castilla-La Mancha.
Orbaneja del Castillo, donde el agua atraviesa el pueblo
En Burgos, Orbaneja del Castillo tiene una característica que condiciona por completo la visita: el agua está presente en sus propias calles. Una cascada baja entre las rocas, atraviesa la localidad y continúa su recorrido por el núcleo urbano. El sonido del agua forma parte de la experiencia al caminar por este pequeño pueblo.

Las viviendas conservan en sus fachadas materiales tradicionales como la piedra y la madera. Las estrechas y empedradas calles se adaptan al terreno y a la presencia de la cascada en este pueblo que se asienta sobre un acantilado. El resultado es un paisaje en el que las construcciones y el curso del agua comparten espacio.