Pueblos para evadirse de Barcelona

Maria Reig 20 Marzo, 2020

Barcelona es siempre una buena idea pero, en algunas ocasiones, alejarse un poco de la Ciudad Condal te permite, sin necesidad de recorrer muchos kilómetros, desconectar del bullicio de la urbe y respirar aire fresco.

Rupit
Escapada rural

Cataluña esconde maravillosos pueblos medievales más allá de sus grandes ciudades. Lugares que prometen belleza, cultura y tradición en partes iguales, que recorren desde la montaña hasta la costa la geografía catalana.

Si vives en Barcelona, o vas a ir de visita, pero te apetece descubrir algo diferente más allá de una de las ciudades más turísticas de Europa, no dudes en pasar por algunos de estos pueblos de esencia mediterránea y que vas a querer incluir en sitios a los que ir al menos una vez en la vida.

Sant Pol de Mar
Lucas Fox

Sant Pol de Mar

Sant Pol de Mar es un claro ejemplo de pueblo mediterráneo por sus casas enlazadas entre ellas, calles estrechas y playas de arena limpia y granulada. Está en la comarca del Maresme, a menos de 50 kilómetros de Barcelona, y su ubicación podría decirse que es casi estratégica. Está entre el mar y la montaña y a medio camino de Barcelona y Girona.

Parece ser que la ermita de Sant Pau, perteneciente al monasterio fundado en el siglo XI, dio origen al pueblo. El monasterio proporcionó gran esplendor a este rincón durante la época medieval debido a la actividad económica que generaba, y durante los siglos XI y XIV se convirtió en un importante centro cultural por su biblioteca y scriptorium. Sin embargo, a finales del siglo XV los monjes abandonaron el edificio perdiendo así toda su magnificencia.

El mar es el gran protagonista de este escenario y cabe destacar sus calas rocosas y playas de arena, así como las rutas más próximas al Mediterráneo, que dan la posibilidad de pasear y contemplar unas vistas maravillosas. En el interior del pueblo, sus fachadas de estilo modernista le dan un encanto difícil de olvidar.

Cardona
Disfruta Barcelona

Cardona

La legendaria fortaleza del Castillo de Cardona es el punto de referencia turístico de la población. Esta estructura de origen medieval sobre el valle del río Cardener y sus minas de sal, han sido la fuente de riqueza de señores y condes a lo largo de los siglos. Riqueza que favoreció el crecimiento de una villa medieval de mercaderes y arrieros, y que hoy en día mantiene una estupenda conservación.

El centro histórico de Cardona fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 1992, en la categoría de conjunto histórico. Sus orígenes se remontan probablemente a mitad del siglo XI y lo mejor que puedes hacer una vez allí es deambular por sus calles y conocer la iglesia de Sant Miquel, la Porta Graells o la Plaza de la Fira. Además, cuenta con la curiosidad de un puente compuesto por dos arcos de diferente medida, el Pont del Diable.

La mayor atracción turística es el Castillo de Cardona, construido hace 2.500 años y residencia de los señores de Cardona, llamados los Reyes sin corona, durante la Edad Media. En su interior todavía se conserva la Colegiata de San Vicente, de estilo románico lombardo catalán, y muchos más rincones por descubrir que puedes visitar a través de las distintas opciones de visitas guiadas que ofrecen.

Rupit
Pixabay

Rupit y Pruit

Estos pueblos se unificaron en 1977. En el caso de Rupit, es uno de los pueblos más pintorescos y fotografiados de toda Cataluña pues, en su conjunto, todavía mantiene ese encanto del pasado que un día vivió. La torre campanario de la iglesia parroquial de Sant Miquel corona la parte más alta del pueblo, pero también está la ermita de Santa Magdalena, digna de ser visitada.

Pruit se encuentra muy cerca y, aunque no es tan conocido como Rupit, también tiene un casco histórico muy interesante por el que callejear, perderse y verse inmerso en plena época medieval. Ambos se encuentran en el espacio natural de Guilleries.

Una de las actividades que más gusta a los visitantes es ver los molinos que desde el siglo X abastecían con el agua de la Riera a los dos pueblos. También vinculada a la naturaleza y a esta riera en concreto, existe el Salt de Sallent, una cascada de 90 metros que cuenta con un mirador desde el que se ve l’Agullola, una gran roca que parece estar a punto de desprenderse de la montaña.

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