Un paseo por siglos de historia en Bonilla de la Sierra, en Ávila

Maria Reig 06 Mayo, 2026

Esta pequeña villa medieval, marcada por su pasado episcopal, conserva intacto el encanto de sus murallas, su castillo y su imponente colegiata. Pasear por sus calles empedradas es adentrarse en siglos de historia.

Bonilla de la Sierra, Ávila.
Bonilla de la Sierra, Ávila. Fuente: Turismo Castilla y León.

En la provincia de Ávila, en el valle del Corneja y en la comarca de El Barco de Ávila-Piedrahíta, se sitúa la villa de Bonilla de la Sierra, catalogada también como uno de Los Pueblos Más Bonitos de España desde el año 2019. Es, sin duda, una de las joyas de la provincia y aunque no es muy conocida puede presumir de patrimonio, historia y naturaleza.

Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico el 4 de mayo de 1983. Y no es para menos. Su atmósfera medieval se siente al recorrer sus tranquilas y empedradas calles y plazas porticadas, su espectacular colegiata, los restos de su castillo, sus murallas y las típicas casas castellanas blasonadas. Y es que como reza la página web de su Ayuntamiento, Bonilla de la Sierra fue “Villa de Obispos y hombres ilustres”, ya que “durante más de 500 años fue residencia veraniega de los Obispos de Ávila”.

Bonilla de la Sierra, Ávila.
Bonilla de la Sierra, Ávila. Fuente: Turismo Castilla y León.

Historia de Bonilla de la Sierra

Diferentes culturas han marcado las tierras de Bonilla. Vetones, lusitanos y turdetanos dieron paso a la invasión y conquista romana allá por los siglos V y IV a.C. Pero cuando la villa adquiere una gran fama es en los albores del siglo XIII. Desde 1250, Bonilla adquirió gran importancia, ya que el señor del lugar, el obispo de Ávila, residía durante el periodo estival aquí. Personajes relevantes de la época pasaron por este lugar. El hecho del traslado veraniego obispal implicaba la llegada de todo un séquito de prelados y personal dedicado a los asuntos de la administración episcopal.

La llamada Bona Villa se donó al obispo abulense Domingo Blasco en el siglo XIII y se convirtió en villa de jurisdicción episcopal. A raíz de ello, se fueron levantando también casas y palacios pertenecientes a nobles, eclesiásticos y gente de todo tipo, con lo que Bonilla llegó a ser la villa con mayor relevancia del Valle del Corneja. Fortificada durante el siglo XII, es más tarde cuando adquirió relevancia con la llegada de obispos y reyes. Por aquí pasaron Juan II, rey de Castilla, Alonso I de Fonseca, Sancho Blázquez Dávila, Alonso de Madrigal “El Tostado”, Fray Hernando de Talavera, confesor y consejero de Isabel la Católica, Fray Diego Fernández de Angulo o Juan de Carvajal, todos ellos personajes relevantes que dieron importancia y brillo a la localidad.

De esta época, Bonilla cuenta con un gran patrimonio cultural. Restos de la antigua muralla, las ruinas del Castillo-Palacio, las propias viviendas de la villa, la mayoría con escudos nobiliarios, la espléndida Iglesia Colegiata de San Martín de Tours, son algunas de las joyas que se pueden contemplar en Bonilla. Y para ello, es una buena idea comenzar el paseo por la villa entrando por la puerta de Piedrahíta, cuyo arco medieval llama la atención al llegar al pueblo. La villa estuvo cerrada por una muralla de algo más de un kilómetro de diámetro y esta puerta es una de las cuatro que hubo y cuyo nombre correspondía al lugar hacia el que se dirigían los caminos que de ellas partían: Piedrahíta, Ávila, El Morón y Villafranca.

Bonilla de la Sierra, Ávila.
Bonilla de la Sierra, Ávila. Fuente: Turismo Castilla y León.

La Colegiata y el Castillo de Bonilla de la Sierra

Cruzando por la puerta de Piedrahíta y caminando por una de las principales calles empedradas se llega a la Plaza Mayor, una preciosa plaza porticada donde se encuentra también la Iglesia-Colegiata de San Martín de Tours, la autentica joya de la localidad. Esta bellísima Colegiata se acabó de construir en la primera mitad del siglo XV, lo que se debe, en parte, porque parece ser que Juan II, huésped del Obispo de Ávila Lope de Barrientos, no pudo celebrar la Semana Santa en la villa por no tener la iglesia de entonces capacidad para albergar a todo su séquito.

De estilo gótico, cuenta con una única nave segmentada en cinco tramos mediante arcos apuntados. Todo su interior presenta un catálogo de obras de arte de gran belleza. Destaca el retablo gótico de la capilla de los Chaves, el Altar Mayor con pasajes de la vida de San Martín, el púlpito o la pila bautismal. En su exterior, se pueden contemplar grandes contrafuertes rematados con pináculos piramidales y con salientes gárgolas. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional el 3 de junio de 1931.

Por su parte, el Castillo y todo el recinto amurallado, tienen su origen en el siglo XII, aunque las más importantes reformas de realizaron cuando Bonilla pasó a ser Señorío de los Obispos de Ávila. Todos los obispos abulenses se relacionan con la villa como propietarios y usuarios del Castillo. La Torre del Homenaje es la parte mejor conservada. En el interior se conservan restos de pinturas del siglo XIV. Otro de los tesoros que ofrece Bonilla es su dehesa. Nada como recorrerla a pie o en bicicleta para disfrutar del paisaje. Pero, antes de abandonar la población, se considera condición indispensable probar las carnes de Ávila a la brasa y las típicas patatas revolconas. Toda una experiencia para los sentidos.

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