La magia rural de Los Ancares, un viaje a la Galicia y León más auténticos
Los Ancares son el lugar perfecto para desconectar del ruido urbano, practicar turismo responsable y redescubrir el valor de lo sencillo. Aquí, el mayor lujo es caminar por un bosque en silencio o contemplar un atardecer desde lo alto de una loma.

Entre las provincias de León y Lugo se puede encontrar uno de los paisajes más auténticos y menos masificados del norte peninsular: Los Ancares. Esta sierra, que forma parte de la Cordillera Cantábrica, es un paraíso de montañas suaves, valles profundos y bosques centenarios donde la naturaleza y la tradición rural conviven en perfecto equilibrio.
Visitar Los Ancares es adentrarse en un territorio donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Aquí no hay grandes infraestructuras ni turismo masivo; lo que se encuentra es silencio, aire puro y pueblos que conservan intacta su identidad.

Qué ver en Los Ancares
Los Ancares se caracterizan por un relieve ondulado que alterna cumbres que superan los 1.500 metros con valles recorridos por ríos cristalinos. El clima atlántico, con abundantes precipitaciones, favorece la presencia de densos bosques de robles, castaños y hayas, que especialmente en otoño ofrecen un espectáculo cromático difícil de olvidar.
En la vertiente leonesa, la zona está protegida bajo la figura de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses, reconocimiento que pone en valor su biodiversidad y el compromiso con un desarrollo sostenible. En el lado gallego, la Reserva de la Biosfera de Os Ancares Lucenses amplía esta protección, consolidando el carácter transfronterizo de este espacio natural. Entre su fauna destacan especies emblemáticas como el oso pardo cantábrico y el urogallo, aunque su observación requiere de mucha paciencia y respeto por el entorno. Más visibles son los corzos, aves rapaces y una rica variedad de mariposas y pequeños mamíferos.
Los Ancares son también un destino ideal para los amantes del senderismo. Existen rutas para todos los niveles, desde paseos sencillos por valles fluviales hasta ascensiones más exigentes a picos panorámicos. Uno de los más emblemáticos es el Pico Cuiña, con 1.987 metros de altitud, que ofrece vistas espectaculares de la sierra y, en días despejados, de montañas gallegas y leonesas que se pierden en el horizonte. Hay además, rutas circulares que conectan aldeas, permitiendo combinar naturaleza y patrimonio etnográfico en una misma jornada.

Las pallozas, una cultura ancestral
Si hay una imagen que define Los Ancares, esa es la de las pallozas. Estas construcciones tradicionales de origen prerromano, están hechas con muros de piedra y cubiertas vegetales de centeno, diseñadas para resistir los duros y fríos inviernos de la montaña.
El conjunto etnográfico más conocido se encuentra en Piornedo, en la provincia de Lugo, donde varias pallozas han sido restauradas y pueden visitarse. Pasear por este pequeño núcleo es como viajar siglos atrás y comprender cómo vivían las familias ganaderas que compartían techo con sus animales para conservar el calor.
En la parte leonesa también se conservan ejemplos notables, especialmente en pueblos como Balouta, donde la arquitectura popular sigue marcando el paisaje.