Torrechiva, un rincón de naturaleza para desconectar en Castellón
Enclavada en el Alto Mijares, Torrechiva sorprende con sus paisajes de montaña, el río que la acompaña y un tranquilo casco urbano que conserva el encanto rural castellonense.

A orillas del río Mijares, en el corazón de la comarca del Alto Mijares y próximo a Onda, Torrechiva es un pueblo de apenas 50 habitantes que guarda un encanto especial para quienes buscan tranquilidad. Con sus calles estrechas, casas encaladas y un casco urbano que respira historia árabe, este municipio de la provincia de Castellón es perfecto para una escapada de turismo rural lejos de las masificaciones.
El núcleo histórico tradicional conserva las características de las antiguas casas de labranza y la estructura urbana morisca, con muros escalonados que se adaptan a la topografía del terreno. Entre sus monumentos destaca la Torre de Torrechiva, de origen islámico y planta circular, construida en el siglo XIII como torre de vigilancia del estrecho que forma el río Mijares. Aunque hoy forma parte de una vivienda particular, su fachada y estructura siguen siendo visibles y constituyen uno de los símbolos del pueblo.

Qué ver en Torrechiva
La Iglesia Parroquial de San Roque, del siglo XVIII, es otro de los hitos del casco urbano. De estilo barroco desornamentado, consta de una sola nave rectangular con bóveda de medio cañón, capillas laterales y campanario. Muy similar a otras iglesias de la zona, refleja la sencillez y la funcionalidad de la arquitectura religiosa rural valenciana. Para conocer más sobre las costumbres y la vida tradicional, el Museo Etnológico, fundado en 1988 por dos vecinas del pueblo, ofrece una colección de objetos y herramientas que narran el pasado agrario de Torrechiva.
El entorno natural es, sin duda, uno de los grandes atractivos. El término municipal, de poco más de 11 km², combina bosques de pinos y encinas con cultivos de cítricos y regadío junto al río. El Mijares, que atraviesa la población, crea pozas y piscinas naturales ideales para el baño en verano: el Pozo de la Mortera, el Pozo de las Arenas, el Badalto o el Puente Roto son algunos de los enclaves más apreciados por vecinos y visitantes. Además, el municipio cuenta con numerosas fuentes de aguas mineromedicinales, como las de Masadeta, Almayuz, el Pinar, San Pedro o las Calzadas, perfectas para combinar senderismo y salud.
Para los amantes del senderismo y la espeleología, Torrechiva ofrece rutas señalizadas como la que lleva al Mas de la Noguereta (6,7 km) o la que conecta con Fanzara, así como accesos a cavidades de gran interés. La Cueva de los Judíos, ubicada en el collado del Mojonet, es la más conocida y forma parte de un sistema de cavidades muy visitado por espeleólogos. También destacan la Cueva Santa, la Cueva del Zanzano y los Abrigos del Mojonet, con muros de piedra en seco de origen medieval.

Historia de Torrechiva
El origen de Torrechiva es árabe: fue fundada entre 1236 y 1238 por Ceit Abuçeit, hijo del rey musulmán Zayd Abu Zayd, y conquistada por Jaime I en el siglo XIII. A pesar de la dominación cristiana, la población morisca se mantuvo numerosa hasta su expulsión en 1609, lo que explica la pervivencia de la estructura urbana y arquitectónica islámica. Tras la expulsión, el pueblo quedó reducido a mínimos y perteneció al señorío del Ducado de Villahermosa hasta el siglo XIX.
Durante las guerras civiles del siglo XIX, Torrechiva fue ocupada casi siempre por los carlistas, un episodio que dejó huella en su historia local. La economía tradicional se basó en cereales, algarrobos, almendros, olivos y moreras, aunque estos últimos cultivos desaparecieron en el siglo XX. Hoy, el municipio vive del turismo rural, la agricultura y la tranquilidad de un entorno privilegiado.
Visitar Torrechiva es sumergirse en un paisaje donde el río Mijares marca el ritmo, entre pozas de agua clara, fuentes con propiedades medicinales y un casco urbano que parece detenido en el tiempo. Un destino ideal para quienes valoran la autenticidad, la historia y la naturaleza en estado puro.