El tesoro oculto de Barcelona que puedes visitar gratis: un viaje de 3.000 años apto para todos
Descubre el dolmen de Ca l'Arenes, una joya del Neolítico situada en el Parque del Montnegre i el Corredor. Una travesía circular llena de sorpresas, apta para personas con movilidad reducida.

Caminar por los pulmones verdes de la provincia de Barcelona permite conectarse con civilizaciones remotas sin alejarse demasiado de la urbe. En el corazón del Parque Natural de El Montnegre y el Corredor, guarda un vestigio prehistórico que ha resistido el paso de milenios: el dolmen de Ca l'Arenes.
Este rincón, recuperado para el público hace casi dos décadas, ofrece una experiencia de senderismo que combina el aire puro con la arqueología. Es una oportunidad perfecta para quienes buscan una escapada de fin de semana que sea algo más que un simple paseo por el monte.
Cómo llegar al dolmen de Ca l'Arenes por senderos accesibles
El punto de partida se sitúa en la histórica masía de Can Bosc, una construcción del siglo XVI situada en Sant Iscle de Vallalta. Desde este paraje, surgen distintas alternativas para los caminantes, pero destaca especialmente el itinerario Dosrius 7. Esta opción es célebre por su espíritu integrador, permitiendo que el entorno natural sea disfrutado por personas con “dificultad y falta visuales, dificultad y falta auditivas, dificultades de movilidad, dificultades intelectuales y/o dificultades mentales”.

La travesía que nos ocupa dibuja un círculo de algo más de seis kilómetros, requiriendo unas 120 minutos para completarse. Aunque el terreno alcanza una cota de 524 metros, las pendientes no son extremas, sumando un desnivel total de 172 metros. La señalización es clara y constante, lo que garantiza que nadie pierda el rumbo entre la espesa arboleda. Es fundamental acudir con el equipamiento básico: calzado de montaña, hidratación suficiente y protección para la piel contra los rayos solares.
Para los más aventureros, existe una variante de casi diez kilómetros que se desvía hacia el Santuario del Corredor, de estilo gótico tardío. No obstante, esa extensión exige una mayor preparación física y no cuenta con las mismas facilidades de accesibilidad. Quienes prefieran la versión amable, encontrarán en el camino de vuelta por el Puig Aguilar un descenso sombreado y reconfortante que devuelve al visitante directamente al inicio de la jornada en la masía.
Qué ver en el dolmen de Ca l'Arenes: pozos de hielo y fuentes
Antes de alcanzar la meta arqueológica, el trayecto regala paradas técnicas cargadas de curiosidades. Un ejemplo es el antiguo pozo de hielo de Dosrius, una estructura circular profunda que antaño servía para conservar el frío. En épocas pasadas, mucho antes de que existiera la refrigeración eléctrica, estos neveros eran esenciales para el comercio local durante el verano. Es un testimonio mudo de una industria artesanal que aprovechaba los recursos climáticos de la sierra barcelonesa.

Poco después, el caminante se topa con la Font del Ferro. Este manantial debe su nombre al intenso sabor metálico de su caudal, originado por la filtración del agua a través de rocas ricas en este mineral. Durante generaciones, los vecinos de la comarca acudían aquí confiando en sus virtudes curativas. Aunque hoy en día el caudal puede verse mermado por la escasez de lluvias, sigue siendo un atractivo visual y cultural imprescindible dentro de este itinerario histórico.
El sendero se vuelve algo más angosto al acercarse a Can Miloca, pero la recompensa final merece el esfuerzo. El monumento megalítico del dolmen de Ca l'Arenes se presenta como una pequeña construcción de grandes piedras planas que protege la cámara donde nuestros antepasados dieron el último adiós a sus seres queridos. Aunque su interior está restringido para asegurar que no se deteriore, la visión exterior de este sepulcro de hace tres milenios rodeado de paz absoluta es sobrecogedora.
Patrimonio megalítico y otras sorpresas en el Parque del Montnegre
La conservación del conjunto es admirable, gracias en gran medida al civismo de quienes transitan por la zona. El dolmen es una estructura pétrea que cuenta con un pasillo de acceso y un espacio central protegido por las pesadas. Este rincón del parque se ha convertido en un aula abierta donde se puede observar de cerca cómo la humanidad del final del Neolítico entendía la muerte y el paisaje, creando monumentos que perdurarán por siempre.
Si tras la caminata todavía quedan ganas de explorar, los alrededores ofrecen planes alternativos muy recomendables. Cerca de Dosrius, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Barcelona, se ubica Rukimon, un centro dedicado a la preservación de diversas razas de asnos, incluyendo el emblemático burro catalán. Es una parada ideal para las familias, ya que permite el contacto directo con estos animales en un entorno de diez hectáreas de naturaleza protegida. Es el cierre perfecto para una mañana de conexión con la tierra y la historia.
En definitiva, esta ruta por el Montnegre demuestra que el patrimonio y la naturaleza pueden ser accesibles para todo el mundo. Desde las masías del siglo XVI hasta los pozos de hielo y las piedras sagradas, cada paso por este sendero es una lección de humildad frente al tiempo. Si buscas un destino que aúne ejercicio suave, cultura y paisajes de ensueño, este rincón del Maresme te está esperando con los brazos abiertos y senderos bien trazados.