Ni autopistas ni autovías: la ruta entre Cangas de Onís y Covadonga que conquista a los conductores

Belén Valdehita
Belén Valdehita 22 Junio, 2026

Descubre esta espectacular ruta de montaña por Asturias a través de la carretera que une Cangas de Onís con las lagunas glaciares más famosas de la Cordillera Cantábrica.

Lagos de Covadonga, en Asturias
La carretera AS-262 y el ascenso final a los lagos glaciares componen una ruta alpina de 24 kilómetros en la Cordillera Cantábrica. El trazado discurre entre praderas, bosques húmedos y vacas en libertad dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.

El recorrido en coche por los lagos de Covadonga acumula décadas de fama entre las opciones viales más impactantes de la cornisa cantábrica. Esta carretera cruza por masas forestales, áreas de pasto y elevados miradores antes de finalizar el trayecto en los lagos glaciares del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Esta alternativa de recorrido en coche por los lagos de Covadonga es una de esas oportunidades que invitan a pausar la marcha constantemente. A lo largo del trazado escasean las edificaciones humanas, cediendo todo el protagonismo al ganado vacuno, las pendientes cubiertas de hierba y las bellas panorámicas asturianas.

El tramo inicial de la AS-262 desde Cangas de Onís

La travesía arranca en Cangas de Onís, un punto clave de acceso a los lagos de Covadonga. A partir de esta localidad, la carretera AS-262 progresa en dirección al Real Sitio de Covadonga, cruzando un entorno propio de la vertiente atlántica con arbolado espeso y explotaciones ganaderas situadas al borde del asfalto. Conviene circular despacio ante la presencia habitual de vacas que caminan con calma por la calzada.

Cangas de Onís, en Asturias
Cangas de Onís ejerce como puerta de entrada principal a los Picos de Europa y punto de origen de la ruta hacia el Real Sitio. Esta histórica localidad asturiana marca el inicio del tramo de la AS-262 rodeado por la vegetación típica de la montaña cantábrica.

Nadie protesta por una retención momentánea cuando el horizonte muestra de forma directa los valles y las cumbres de esta zona oriental de Asturias. Este itinerario destaca por una presencia vegetal constante en cada kilómetro, un elemento diferenciador si se compara con otros puertos de montaña del país, que suelen ser secos o pedregosos.

Parada en el Real Sitio y su patrimonio histórico

Justo en el punto previo al inicio de la rampa más empinada del recorrido en coche por los lagos de Covadonga, el asfalto cruza el complejo monumental. Allí se ubican la Basílica de Santa María la Real de Covadonga y la Santa Cueva, un conjunto que destaca entre los puntos patrimoniales y espirituales de mayor relevancia en el norte peninsular.

Basílica de Santa María la Real de Covadonga
El santuario asturiano integra la arquitectura de la Basílica y la Santa Cueva en la propia roca caliza de la montaña oriental. Este histórico complejo monumental marca el punto de inflexión del viaje justo antes de iniciar las rampas más exigentes del ascenso.

La estética del entorno posee un magnetismo singular debido a la integración de la arquitectura en la propia roca caliza. La ermita donde está la pequeña imagen de la Virgen de Covadonga aprovecha un hueco natural de la montaña para proporcionar una de las imágenes más bonitas para todos aquellos que visitan el Principado.

Ciclismo profesional y lagos glaciares a 1.000 metros

En este punto arranca la rampa final, una de las ascensiones más célebres de las competiciones ciclistas estatales. El trazado supera una cota de altura notable mediante giros de herradura y rampas con porcentajes de inclinación severos, con el sector de la Huesera como punto principal. La Vuelta a España otorgó proyección internacional a esta ruta desde la década de 1980.

Lagos de Covadonga, en Asturias
Los lagos glaciares de Enol y Ercina conforman un paisaje de alta montaña a más de 1.000 metros de altitud. Estas cubetas de agua caliza marcan el final de la ruta, donde caballos y vacas conviven en libertad con el pastoreo tradicional.

Al ganar altitud, la vegetación arbórea desaparece para mostrar llanuras de hierba y balcones naturales con vistas a los macizos montañosos. El asfalto concluye su recorrido al llegar a los lagos de Enol y Ercina, ambos de origen glaciar y situados a más de 1.000 metros de altitud.

Este entorno de alta montaña define el imaginario asturiano, combinando praderas, piedra caliza y pastoreo tradicional. Durante casi todo el año, los caballos y las vacas de montaña pacen con total libertad junto al agua y la vía, conformando un espacio limpio para los visitantes que buscan naturaleza pura.

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