El pueblo más pequeño del mundo con semáforos está en Zaragoza: el curioso Récord Guinness de Purujosa

Belén Valdehita
Belén Valdehita 19 Enero, 2026

Descubre la insólita historia de esta localidad del Moncayo que, con menos de 30 habitantes, regula su tráfico con semáforos y esconde rutas naturales espectaculares entre barrancos.

Purujosa, en Zaragoza
La localidad zaragozana de Purujosa posee el un récord Guinness por ser el pueblo más pequeño del mundo con semáforos.

Imagínate un rincón perdido en la geografía aragonesa donde el silencio sólo se rompe por el viento o la fauna local. Uno piensa en aldeas remotas, olor a leña y calma absoluta, lejos del estrés urbano. Sin embargo, en el interior de la provincia de Zaragoza existe una excepción a la regla que desafía toda lógica rural. Allí, en un entorno dominado por la naturaleza, te toparás con una señal luminosa propia de la gran ciudad.

Hablamos de un sitio con apenas 29 vecinos censados, cifra que desciende drásticamente cuando llega el frío invierno. A pesar de su diminuto tamaño, este lugar cuenta con una regulación vial automatizada que nadie esperaría ver en mitad de la montaña. Es el choque frontal entre la vida pastoril y la tecnología de tráfico. Viajamos a Purujosa. al sur del Parque Natural del Moncayo, para entender esta curiosa anomalía. Se encuentra a 55 minutos de la localidad de Tarazona, y a 117 kilómetros de la ciudad de Zaragoza.

Los semáforos de Purujosa y su salto a la fama mundial

La geografía manda y aquí el terreno no perdona. Si decides visitar Purujosa con tu vehículo, la primera advertencia está muy clara: mejor dejar el coche abajo si no eres hábil al volante. La entrada cuenta con una zona habilitada para autocaravanas y una fuente, ideal para evitar complicaciones. El acceso al corazón del municipio se realiza a través de una pendiente que gana inclinación a cada metro, convirtiendo la conducción en un pequeño reto.

Purujosa, en Zaragoza
Purujosa se encuentra al sur del Parque Natural del Moncayo, a 55 minutos de la localidad de Tarazona y a 117 kilómetros de la ciudad de Zaragoza.

El problema reside en la calle Mayor, la única arteria que conecta el mundo exterior con las casas. Son 500 metros de trazado donde la anchura brilla por su ausencia. Antaño, cruzarse con otro conductor implicaba maniobras imposibles o largas marchas atrás. Para solucionar este conflicto de prioridades en un espacio tan angosto, el alcalde Santiago San Martín tomó una determinación muy práctica en 2001 que cambiaría la historia local para siempre.

La instalación de dos semáforos, uno en cada extremo del tramo conflictivo, puso fin al caos. Tienen ciclos de espera de entre cuatro y cinco minutos, margen sobrado para atravesar la vía sin agobios. Esta medida funcional acabó otorgando a la villa el título de “pueblo más pequeño del mundo con semáforos” en el libro Guinness. Una solución técnica que atrajo las miradas de curiosos y prensa hacia este rincón olvidado.

Más allá de la anécdota: la cara oculta del Moncayo

Una vez superada la sorpresa de las luces rojas y verdes, el viajero descubre que el verdadero atractivo reside en el paisaje. Estamos en la comarca del Aranda, en un enclave situado a 976 metros de altitud. Esta estratégica posición sobre un risco le ha valido el sobrenombre de “El nido de águilas del Moncayo”. Y es que la ubicación favorece el avistamiento de aves rapaces que planean sobre los tejados y las crestas rocosas cercanas.

Purujosa, en Zaragoza
Purujosa se halla sobre una loma rodeada de profundos precipicios, creando un escenario perfecto para el senderismo.

El diseño urbano esconde joyas arquitectónicas que merecen un paseo pausado. Destaca la Iglesia del Salvador, un templo de raíces románicas levantado en el siglo XIII que parece fundirse con las viviendas colindantes. Para obtener las mejores vistas, es obligatorio subir hasta la parte más alta del pueblo, donde un mirador ofrece una perspectiva privilegiada del barranco de Cuartún y del entorno agreste que rodea el asentamiento.

A esta zona se la conoce popularmente como “la cara oculta del Moncayo” por su menor afluencia respecto a la vertiente norte. Esa falta de masificación ha permitido preservar su autenticidad. La ruta por la zona se completa visitando localidades vecinas como Mesones de Isuela y su castillo, o Calcena, considerado el “paraíso de los escaladores” gracias a sus más de 500 vías equipadas en la roca.

Rutas entre barrancos y cuevas con historia

La orografía de Purujosa, además de condicionar su tráfico, también define su oferta de ocio activo. El pueblo se asienta sobre una loma rodeada de profundos precipicios, creando un escenario perfecto para el senderismo. Las montañas circundantes están horadadas por grandes cavidades naturales que sirven de refugio a colonias de murciélagos y que, en tiempos pasados, fueron hogar temporal para los pastores de la zona.

Para quienes busquen la actividad física, existe un recorrido circular muy recomendable que parte del mismo núcleo urbano. Con una distancia de 7,7 kilómetros y un desnivel positivo de 240 metros, es una opción asequible para familias. El camino se adentra en los barrancos de Valcongosto y Cuartún. En este último, la cueva principal sorprende por sus dimensiones colosales y por los restos de antiguos corrales en su interior.

El tramo del barranco de Valcongosto es, sin duda, uno de los puntos visualmente más potentes del macizo. Llega un momento en que el sendero se desdibuja y la única opción es avanzar por el propio cauce, flanqueado por inmensas paredes de piedra caliza. Dependiendo de las precipitaciones recientes, es probable que toque mojarse el calzado, añadiendo un toque de aventura a esta experiencia de turismo rural en la localidad zaragozana de Purujosa.

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