Ochagavía, una villa por descubrir en el Pirineo navarro

Maria Reig 14 Diciembre, 2023

Historia, tradición y un gran patrimonio cultural son algunos de los atractivos Ochagavía, uno de los pueblos navarros más bonitos, especialmente en estas fechas

Ochagavía, en Navarra
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A tan solo 85 kilómetros de Pamplona, en el valle de Salazar, encontramos uno de los pueblos más bonitos de los pirineos navarros: Ochagavía. Visitarlo en cualquier época del año es un placer para los sentidos, pero hacerlo en esta época se convierte en una experiencia única. Al pasear por sus calles podemos sentir como nos convertirnos en protagonistas de un precioso cuento de Navidad.

Este pequeño pueblo de unos 500 habitantes, bañado por el río Anduña, limita al norte con el magnífico bosque de Irati y Francia, y al este con el valle de Roncal. Su espléndida situación, así como la visión de sus pintorescas casas de piedra nos dan la impresión de habernos detenido en el tiempo. Atravesar el río por un precioso puente medieval es entrar en una población típicamente pirenaica, de cuento, que ha sido testigo de numerosos acontecimientos.

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Historia de Ochagavía

Parece que los orígenes de Ochagavía se remontan al siglo XII, al establecerse allí un importante núcleo de población. Durante la Edad Media la población fue gobernada por diversas familias nobles. En el siglo XVIII experimenta un significativo crecimiento gracias a su situación dentro del Camino de Santiago, y esta circunstancia implicó el desarrollo de la arquitectura civil y religiosa con la construcción de casas señoriales e iglesias.

A finales del siglo XVIII, en el año 1794, los franceses invadieron el territorio peninsular y en Ochogavía destruyeron 182 casas, 52 bordas (cabañas destinadas al albergue de pastores y ganado), y la ermita de San Martín que estaba situada a la entrada de la villa junto al puente. Medio siglo después la población estaba de nuevo en pie. Se reconstruyó en el mismo sitio, las techumbres de madera se sustituyeron por otras de teja y Ochagavía resurgió de sus cenizas.

Durante el siglo XIX, la población fue testigo de importantes acontecimientos. En las Guerras Carlistas, Ochagavía se vio perjudicada por los conflictos entre los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón y los partidarios de Isabel II. Sin embargo, supo mantener su encanto y atractivo convirtiéndose en un importante destino turístico para todos aquellos que querían disfrutar de su arquitectura tradicional y su entorno natural.

Ochagavía, en Navarra
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Qué ver en Ochagavía

Lo primero que encontramos al llegar a la villa de Ochagavía es un hermoso puente de piedra medieval sobre el río Anduña que nos da la bienvenida y nos invita a pasear por sus adoquinadas calles a la vez que escuchamos el murmullo del agua del río. Éste será el inicio para poder perdernos por sus calles e ir descubriendo sus encantadores rincones. Llaman la atención las casas señoriales pintadas de blanco, con contraventanas y puertas de madera y tejados a dos aguas.

Como curiosidad, nos encontramos con que las calles no tienen nombre. Así, la forma de localizar una casa es por su propio nombre y por el barrio en el que se encuentra. Ochagavía está dividida en cuatro barrios: Urrutia (“el lejano”), Irigoyen (“encima de la ciudad”), Iribarren (“dentro de la ciudad”) y Labaria (“al lado del horno”). Y es que en esta villa las casas son más relevantes que los apellidos que las habitan, reforzando la tradición vasca que las considera parte de la familia.

Por encima de los tejados de sus casas destaca la antigua torre de la iglesia de San Juan Evangelista. Se trata de un edificio del siglo XVI que fue reconstruido y que alberga en su interior tres retablos renacentistas de gran valor artístico que han podido sobrevivir a lo largo de la historia y que resultan imprescindibles para los amantes del arte sacro. También destacan los palacios medievales de Urrutia, Iriarte y Donamaria así como numerosos caseríos blasonados. A escasos kilómetros de Ochagavía encontramos la ermita románica de Nuestra Señora de Muskilda, construida en el siglo XII sobre el monte que lleva su nombre y que milagrosamente se salvó durante el asedio francés. Por supuesto, podemos aprovechar la visita a este encantador pueblo para recorrer la Selva de Irati, a tan sólo 10 kilómetros, el segundo hayedo más importante de Europa después de la Selva Negra de Alemania.

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