Muros, el pueblo marinero medieval de Galicia con marisco único, calles de piedra y playas increíbles

Calles de piedra, marisco fresco y playas de postal: este destino gallego del siglo XIII conquista a todo el que se deja perder por su casco histórico.

La Ría de Muros y Noia, ubicada en las gallegas Rías Bajas, acoge una villa que nació entre redes de pesca y mareas hace más de siete siglos. La localidad coruñesa de Muros ha sabido conservar intacto su carácter marinero y medieval, con un trazado urbano que invita a caminar sin rumbo. Sus soportales de granito, los balcones de madera y las animadas plazas ofrecen una experiencia que va más allá del turismo tradicional.
La mejor forma de conocer este lugar es improvisar: olvidarse del plano y dejarse llevar por sus cuestas empedradas, descubriendo fuentes escondidas, cruceiros centenarios y fachadas que hablan de otro tiempo. Aquí la historia y el mar siguen latiendo al mismo compás. Te invitamos a conocer uno de los pueblos más bellos de A Coruña.
El casco histórico vivo y lleno de sabor de Muros
El centro de Muros respira autenticidad. Las antiguas casas de pescadores, con galerías porticadas donde antaño se reparaban las redes, forman un conjunto urbano realmente único. Paseando por la villa, cada esquina revela un pedazo de pasado.

El epicentro es O Curro da Praza, una animada plaza con terrazas y bares donde probar el marisco recién llegado al puerto. Frente a la ría, se mezclan el bullicio vecinal y los aromas de pulpo y pescado a la brasa.
La ruta continúa por edificios emblemáticos como el Mercado de Abastos, con su señorial escalera; el arco gótico de Don Diego o la antigua Colegiata de Santa María do Campo, hoy Iglesia de San Pedro, que también alberga el Centro de Interpretación Vila de Auga e Sal.
Paseo marítimo entre lonjas y templos góticos
El litoral de Muros se recorre bordeando el mar, con un camino que une el Santuario Virxe do Camiño, de estilo gótico marinero, con la lonja municipal. Allí, cada jornada desembarcan merluzas, nécoras, cigalas y pulpos que alimentan la tradición gastronómica local.

El trayecto ofrece una postal continua: a un lado, el Atlántico; al otro, fachadas de piedra que parecen esculpidas por el tiempo. Es un paseo donde la rutina de los pescadores convive con el ritmo pausado del visitante.
En el extremo del recorrido aparece la Praia do Castelo, pequeña y recogida, ideal para un chapuzón rápido sin salir del núcleo urbano. Su encanto contrasta con la inmensidad de la Praia de Area Maior, fuera del casco urbano, una lengua de arena blanca con vistas al Monte Louro.
Muros: historia, mar y desconexión
Muros es mucho más que un destino para mirar: es un lugar para sentir. Sus calles invitan a perder la noción del tiempo, mientras las mareas marcan el pulso del día a día.
La combinación de patrimonio, paisaje y gastronomía lo convierten en un enclave perfecto para una escapada breve y sin prisas. Pasear por sus callejones, comer marisco junto al puerto y acabar el día frente a la ría son planes sencillos, pero memorables.
Lejos del bullicio de otros puntos turísticos, la villa ofrece autenticidad y calma, manteniendo viva la esencia marinera que la vio nacer en el siglo XIII.