El tesoro de Ciudad Real que enamora a los ingleses: por qué visitar Almagro este invierno
Olvida los destinos de siempre y descubre por qué la prensa británica ha puesto sus ojos en esta joya manchega, un refugio perfecto para una escapada invernal llena de historia.

España es mucho más que Sol y playa, y los viajeros europeos lo están descubriendo a un ritmo vertiginoso. Mientras las capitales masificadas van perdiendo fuelle, emerge con fuerza un turismo de interior que ofrece autenticidad, tranquilidad y unas profundas raíces en el corazón de la Península Ibérica.
Esta nueva corriente ha puesto en el mapa a una villa de Ciudad Real que, hasta hace poco, era un secreto a voces entre los españoles. Gracias a medios como The Telegraph, el público internacional ha caído rendido ante el encanto de un lugar que invita a pasear sin mirar el reloj: la villa de Almagro.
Qué ver en Almagro y su Plaza Mayor única
El centro neurálgico de Almagro es, sin duda, su Plaza Mayor, un espacio que rompe los esquemas de la arquitectura castellana tradicional. Sus famosas galerías de cristal con marcos de madera en tonos verdosos le otorgan un aire señorial que fascina a todo aquel que cruza sus soportales pétreos.

Caminar por aquí durante los meses de frío tiene un magnetismo especial, ya que la luz del invierno resalta los detalles de sus fachadas históricas. Es el momento ideal para resguardarse en los mesones locales y disfrutar de una charla pausada mientras se contempla el tranquilo pulso de la vida manchega.
Más allá de la estética, este conjunto monumental narra el pasado de una zona de Ciudad Real que fue clave en las rutas comerciales europeas. Cada rincón del casco antiguo conserva la elegancia de una época de opulencia, donde la piedra y la madera se fusionan para crear una atmósfera acogedora y señorial.
El Corral de Comedias y el legado del Siglo de Oro
A escasos metros del bullicio de la plaza se esconde un tesoro mundial: el Corral de Comedias. Este recinto del siglo XVII es una pieza de museo viva, siendo de los escasos teatros de su época que se mantienen tal cual fueron concebidos en todo el continente.

Si bien el verano atrae a multitudes por su certamen teatral, la época invernal permite conocer este Monumento Nacional con una serenidad sobrecogedora. Es el escenario perfecto para imaginar los versos de Lope de Vega o Calderón de la Barca resonando entre sus muros de madera mientras el aire gélido queda fuera.
El vínculo de la localidad con las artes escénicas se consolida en el Museo Nacional del Teatro. Ubicado en una típica casona, este espacio guarda desde vestimentas antiguas hasta bocetos de escenarios que explican la pasión de este pueblo por las tablas y su importancia cultural a nivel estatal.
Gastronomía manchega y el barrio de los banqueros
Explorar el Barrio Noble supone adentrarse en la historia financiera de la España imperial, donde familias como los Fugger dejaron su huella en palacios y grandes almacenes. Estas calles son un catálogo de heráldica y portadas de piedra que transportan al visitante a los tiempos de Carlos V de forma directa.
La oferta se completa con una cocina contundente diseñada para combatir las bajas temperaturas de la meseta. Sabores como el tiznao de bacalao, el pisto tradicional o las migas de pastor son los protagonistas de cualquier mesa, siempre maridados con los caldos de Valdepeñas o de la propia tierra.
Para quienes desean una estancia inolvidable, el antiguo convento de San Francisco, hoy convertido en alojamiento de lujo, ofrece el reposo necesario. Almagro se confirma así como la alternativa perfecta para quienes buscan un destino muy especial, lejos de las guías turísticas más convencionales y repetitivas.