Clunia Sulpicia, la ciudad romana de Burgos que sorprende desde las alturas y guarda uno de los teatros más grandes de Hispania
En lo alto de un cerro burgalés, Clunia Sulpicia conserva el eco de una gran ciudad romana donde el poder, el arte y el silencio conviven desde hace dos mil años.

La meseta burgalesa esconde un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Allí, sobre una elevación castigada por el viento, descansan los vestigios de una urbe que fue decisiva en la Hispania romana y hoy invita a una visita sin prisas.
Caminar entre estas ruinas es recorrer una ciudad que llegó a concentrar decenas de miles de habitantes, que fue centro político y económico y que todavía transmite una sensación de grandeza difícil de ignorar. Se trata de la ciudad romana de Clunia Sulpicia, situada entre las localidades burgalesas de Peñalba de Castro y Coruña del Conde, cerca de municipios tan interesantes como Peñaranda de Duero y Santo Domingo de Silos.
Clunia Sulpicia y su papel en la Hispania romana
Clunia Sulpicia fue uno de los asentamientos romanos más grandes de la antigua Hispania. Su ubicación estratégica la convirtió en un punto de encuentro entre rutas comerciales y en un enclave esencial para el control del territorio. Desde aquí se tomaron algunas de las decisiones que marcaron toda una época.

La ciudad alcanzó su máximo esplendor durante el Alto Imperio Romano. En ese periodo, sus calles reflejaban el poder de Roma con grandes edificios públicos, espacios administrativos y zonas residenciales pensadas para las élites locales.
El nombre de Clunia Sulpicia quedó ligado a uno de los momentos políticos más relevantes del Imperio, cuando Galba fue proclamado emperador tras la muerte de Nerón, un episodio que subraya la relevancia histórica del enclave.
El urbanismo y la vida cotidiana en Clunia Sulpicia
El trazado urbano de Clunia Sulpicia muestra una planificación muy cuidada. El foro articulaba la vida pública, mientras que los templos, las termas y las viviendas se distribuían siguiendo criterios funcionales y estéticos propios de las grandes ciudades romanas.

Las casas más acomodadas destacaban por sus patios interiores y por su decoración. Los suelos estaban cubiertos por mosaicos de gran calidad que todavía hoy permiten imaginar el nivel de vida de sus antiguos propietarios.
Bajo esas estancias, sistemas de calefacción subterránea ayudaban a soportar los duros inviernos de la meseta. A ello se sumaba un complejo entramado hidráulico que garantizaba agua corriente, un lujo reservado a pocos lugares en la antigüedad.
El teatro de Clunia Sulpicia y su legado actual
Entre todos los restos conservados, el teatro es la estructura más impactante de Clunia Sulpicia. Excavado directamente en la ladera del cerro, su tamaño impresiona incluso antes de acceder al recinto.

Con capacidad para miles de espectadores, el graderío se abre hacia el paisaje de la Ribera del Duero, creando una escena natural que refuerza la sensación de monumentalidad del conjunto arqueológico.
Hoy en día, ese espacio vuelve a llenarse de voces durante los meses estivales gracias a representaciones culturales que conectan pasado y presente, devolviendo actividad a un lugar que durante siglos permaneció en absoluto silencio.